
Frente las interpretaciones etimológicas tradicionales, que, con razones fonéticas y semánticas poco convincentes, consideraban que las voces canarias juercan, juerco, juergo, ajergo, ejergo y jergo ‘vara con pelota de trapo en uno de sus extremos, que se usa para remover el grano en el tostador’ no eran otra cosa que flagrantes guanchismos, para unos, y palabras de origen románico, para otros, se sostiene en este ensayo, con razones formales, semánticas, culturales e históricas mucho más consistentes que las argüidas por guanchólogos, romanistas e hispanistas, que el verdadero origen de estas viejas voces insulares podría encontrarse en la voz bereber aferkan, procedente del aumentativo de la forma latina furca.